Empresas, Estado y nuevas tecnologías

Ante los cambios tecnológicos, gerentes y funcionarios públicos tenemos que poner las barbas en remojo y descubrir nuestro verdadero rol.

ENTREVISTA A JUAN CARLOS BARAHONA, PROFESOR DE GESTIÓN DE INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA EN INCAE BUSINESS SCHOOL

“En el sector privado debemos abrirnos a la experimentación, revisar cómo está el presupuesto de tecnologías de información (TI) y cómo estamos registrando su gasto”, comenta Juan Carlos Barahona. El consultor en estrategia e innovación continúa: “Es importante tener una línea exclusiva para el gasto en TI”.

¿Cómo es el proceso de adopción de las nuevas tecnologías en las empresas privadas y entidades públicas?
Experimentar significa probar muchas veces; en promedio, una de cada veinte veces funciona, y nada garantiza su éxito. En el sector privado, hay que revisar si estamos usando el dinero solo para mantener la luz prendida o si estamos dejando incentivos suficientes para experimentar con nuevas tecnologías. Es importante además calcular el retorno de la inversión (ROI). Pienso que debemos priorizar todo aquello que permita conocer al cliente, para servirle de manera más personalizada; esa es la tendencia más fuerte en TI y la que hace que las empresas sean competitivas.

Por otro lado, en el Estado creo que se vienen tiempos difíciles. El ciudadano espera que el Estado lo atienda de forma personalizada; sin embargo, el Estado tiene restricciones legales para experimentar con tecnologías y el ciudadano tiene cada vez más capacidad de organizarse para protestar usando redes sociales. Se forma entonces un lío en política pública.

Sin embargo, ciudades como Singapur han creado centros de gobierno digital conformados por gente capaz de hacer plataformas de servicios públicos. Para esto, es necesario separar las plataformas de la política pública. Es fácil de decir, pero es difícil quitarle a las instituciones el uso de las herramientas; ni siquiera al sector privado le haría gracia, ya que hay más negocio en venderle software a veinte ministerios que a una sola entidad que presta el servicio para todos los organismos públicos; así, hay una serie de incentivos perversos que hacen difícil la adopción de la tecnología en el sector público. A pesar de ello, debemos priorizar el sistema de compras públicas como puente de entrada de la tecnología, que deberá ser desarrollado por ingenieros y no por abogados.

¿Cómo está el tema de la investigación en las universidades de Latinoamérica?
Lo que estamos viviendo es la “inundación” del software: cualquier persona con una buena idea y capacidad de programación puede hacer un software y venderlo a millones de personas alrededor del mundo. Se suma a ello el aumento exponencial de la capacidad de los procesadores y la guerra de precios que viven los proveedores de almacenamiento en la nube.

Sin embargo, para tener buenos programadores en nuestros países, hay problemas sistémicos que resolver. Tu capacidad matemática y de lectura en los tres primeros años de educación primaria son los mejores predictores de que vas a graduarte de la universidad. Entonces, mientras no se mejore el primer ciclo escolar, difícilmente vamos a generar adolescentes que sean extraordinarios programadores. Los países que más han invertido en sistemas educativos van a generar mejores programadores y generarán un clúster. Así, las ciudades en donde mejor funcione el sistema educativo y que tengan mejores facultades de ingeniería serán las que más avanzarán.

¿Cómo podemos concientizar a nuestros dirigentes políticos y universidades para que inviertan más en investigación?
El problema somos nosotros. ¿Cómo convencemos a la clase empresarial de pagar impuestos?, ¿cómo le devolvemos un lugar digno a quien se ocupa de la gestión pública?, ¿por qué tenemos la idea de que alguien que puede manejar bien la gestión privada puede manejar bien la pública? La gestión privada y pública son realidades muy diferentes.
Tenemos que recuperar la capacidad de formar instituciones fuertes e invertir en educación. Debemos cambiar los incentivos: pagarle más a los profesores para que vivan mejor, de forma que un muchacho diga: “Oiga, ser maestro no está mal”; así, los mejores desearán ser profesores. Esto lo lograremos luego de invertir conscientemente en educación durante un largo periodo de tiempo, por lo menos dentro de los modelos tradicionales.

Asimismo, tenemos un problema que viene de hace 2,000 años, insertado en el sistema jurídico que heredamos de los romanos, en el que el sector privado puede hacer todo menos lo que tiene prohibido y el público solo aquello que tiene permitido. Un conjunto de reglas que funcionaron, pero que aparecen como una camisa de fuerza para la innovación.

¿Cuál ha sido el principal aporte de Latinoamérica al conocimiento en TI?
La plataforma Duolingo (servicios de traducción en la intenet) es la primera que se me viene a la mente. Luego está Merlink, el sistema de compras públicas de Costa Rica, que actualmente está en debate con el sistema viejo. Ya imaginarás todos los intereses y dificultades. Dicha plataforma es disruptiva, ya que separa la política pública de la plataforma. Así, a diferencia de los servicios de e-mail no especializados, Merlink está enfocado en el proceso de compras digital, permitiendo la transferencia instantánea de sistema a sistema.

¿Cuáles son las tecnologías o las tendencias que vendrán en el futuro?
La invasión del software: todo lo que sea digitalizable será digitalizado. Los gerentes tenemos que poner las barbas en remojo y darnos cuenta de que muchas de nuestras labores las puede hacer un algoritmo; entonces, ¿cuál es nuestro rol? Considero que es velar por la estrategia: debemos velar constantemente por la consistencia entre la estrategia, el modelo de negocios, los procesos y las herramientas tecnológicas, y vigilar que la infraestructura social, los incentivos y las reglas hagan que la gente se comporte de manera beneficiosa para la empresa, que mi red de proveedores y acceso a recursos esté funcionando, que mi capacidad de conocer al cliente esté creciendo.

Otro fenómeno es que, desde que se vende a cero soles por internet, ya no sé qué producto no es susceptible a que algún software lo convierta en servicio. Yo creo que esta es la revolución más grande, y las condiciones ya están dadas.

El otro gran dolor de cabeza para América Latina es que somos el continente de la desigualdad; sin embargo, las personas que quedaron fuera de nuestros modelos de desarrollo tradicionales ahora pueden organizarse a través de redes sociales y no van a necesitar sindicatos ni partidos políticos. Nos van a exigir ser parte del pastel y deberemos incluirlos, aunque sea solo para que nos dejen trabajar. La primavera árabe, la coyuntura de México y la situación de Estados Unidos con la ciudad de Ferguson son prueba de ello: cada vez la gente tiene más capacidad de exigir. Ya hay firmas que sufren el embate de sus clientes: un cliente insatisfecho puede hacerte mucho daño.

Publicado en Mercados & Regiones número 4, diciembre de 2014

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