La brecha de las microfinanzas

Perú tiene gran potencial para la inclusión financiera, pero hay mucho camino por recorrer para llegar a ese potencial.

ENTREVISTA A DAVID TUESTA, JEFE ECONOMISTA DE INCLUSIÓN FINANCIERA Y BANCA DIGITAL DEL BBVA DE ESPAÑA

Según el Microscopio Global 2014, publicado por The Economist, Perú tiene el entorno más apropiado, a nivel mundial, para las microfinanzas y la inclusión financiera. ¿Usted coincide con esas apreciaciones?
Sí. Efectivamente, este indicador que trabaja The Economist enfatiza las condiciones y características para desarrollar temas de inclusión financiera. Este indicador se construye a partir de encuestas que hacen a expertos en la materia en cada uno de los países. También toman en cuenta la opinión de organismos multilaterales, la regulación que están poniendo en marcha los diferentes Gobiernos, los desarrollos tecnológicos que viene desarrollando el sistema financiero, etc. Esto vendría a ser un potencial para la economía peruana. Sin embargo, como todo potencial, se tiene que medir con relación a la situación en la que estás.

Si bien el ranking dice que hay potencial, la situación actual nos muestra que hay mucho camino por recorrer para llegar a ese potencial. Nosotros desarrollamos en BBVA un indicador de cómo está la situación financiera en Perú. Considerando poco más de 80 países a nivel mundial, Perú aparecía cerca del puesto 60. En el ámbito latinoamericano, seguramente habría aparecido a la mitad de tabla.

De acuerdo con el informe, Perú está muy bien en acceso; es decir, ha trabajado muchísimo en todo lo que es apertura de oficinas y agentes corresponsales. Sin embargo, en lo que se refiere a uso, todavía las barreras siguen siendo elevadas. Entre estas barreras para la inclusión financiera, se encuentran temas como la falta de confianza –sea por desconocimiento o por conocimiento concreto de las personas, simplemente no confían, se sienten intimidados o no entienden los beneficios que pueden obtener de la relación–, temas de distancia –se ha incrementado mucho el número de agencias, pero sobre todo en centros de alta densidad poblacional, incluso en lo que se refiere a cajeros corresponsales– y temas documentarios –por ejemplo, en la regulación, la normativa señala que se pueden realizar múltiples operaciones a través de los agentes corresponsales, pero, en la práctica, la mayoría de agentes corresponsales no realiza todo lo que la ley permite, porque posiblemente no cuentan con el soporte tecnológico o de recursos humanos dentro de estas pequeñas tiendas–.

Este tipo de divergencias, entre el potencial que se dice en The Economist y lo que nosotros estamos observando ahora, es justamente la brecha que se tiene que cerrar. Hemos sacado un ranking en el 2011. Próximamente, vamos a sacar un informe con datos de 2014, donde vamos a poder constatar cuánto se ha ido avanzando para cerrar esa brecha.

Respecto al sistema privado de pensiones, ¿debería tener un cambio en su estructura para que sea más atractivo para las personas realizar este ahorro forzado?
El problema no viene por la institución financiera o por las AFP. El problema es más estructural. Todas las personas ahorran. Está bastante demostrado: hasta los más pobres ahorran. Claro que su ahorro es más de corto plazo: ahorran para el uniforme de colegio que hay que comprar en el mes, ahorran para la fiesta de quince años de su hija, ahorran en ladrillos comprando uno por uno para construir la casita, etc.

Todos, hasta los más pobres, tienen algún tipo de ahorro, de “cortísimo” plazo o de más largo plazo, dependiendo de los ingresos que pueda generar esta persona. Y la capacidad de ingresos y la frecuencia de los mismos están muy vinculadas a la manera como se encuentra insertada en el mercado laboral.

Perú tiene altas tasas de informalidad. La informalidad impide que las personas tengan una predictibilidad de ingresos e impide que las tasas de ahorro formal sean más altas. Lo que hay es mucho ahorro informal, pero el ahorro formal está limitado justamente porque no se tiene la capacidad formal para generar ingresos. En el tema de pensiones, se puede cambiar una serie de características muy perceptibles que deberían tener las AFP, pero esto ayudaría muy poco a generar más ahorro, porque el tema es estructural: no tiene que ver nada con las AFP.

Una mejora de las AFP podrá brindar un mejor servicio, una mejor rentabilidad o una mejor atención a los que están hoy ahorrando, que somos al final un pequeño grupo de privilegiados –en términos relativos–, digamos, un 25%. Mejoras en la gestión de una AFP nos darán probablemente un mejor servicio a ese 25%, nos cobrarán menores comisiones quizás. Pero al otro 75% no le va a suceder nada, porque no está en una AFP, porque tiene un problema de informalidad grave.

Y eso no lo va a solucionar una reforma de pensiones. Eso lo va a generar una reforma mucho más amplia desde el punto de vista laboral, que seguramente tiene que ver con temas institucionales, burocráticos, de confianza en el país, etc.

¿Cómo ve las perspectivas para una mayor inclusión financiera en un contexto de menor dinamismo en las colocaciones de microfinancieras y mayores niveles de morosidad en las instituciones de microfinanzas?
Esto es un reto. Cuando tenemos un crecimiento rápido de las clases medias, el ambiente es propicio para dar un impulso a los temas de mayor bancarización o inclusión. Se ha avanzado mucho en el tema estructural: Perú tiene mayores capacidades de que la gente participe en el sistema financiero. Seguramente lo que tenemos de acá para adelante es un periodo más lento, pero eso no quita seguir trabajando, seguir superando aquellos elementos que actualmente constituyen barreras para el ahorro.

Entonces, hay que apuntar a familiarizar más a las personas con los temas financieros, por ejemplo, con el uso de dinero electrónico, el uso de envíos a través de los móviles. Son cosas que, en el largo plazo, van a contribuir a que estas personas, desde el mundo de los pagos –transacciones fáciles y simples– den el salto a la participación en el sistema financiero. Esto se dará básicamente por dos vías: primero, familiarizándose y perdiendo el miedo; y segundo, construyendo una historia de pagos. Al tener una conexión con los bancos que van a promover estos servicios a través de la plataforma electrónica que está generando Asbanc, seguramente habrá información respecto a los pagos que pueden realizar y, a futuro, los bancos van a tener la capacidad de ofrecerles servicios financieros en función de esa información estadística que se va a ir generando.

La economía mundial podría crecer ligeramente más en 2015 que en 2014, 3.5% en comparación con 3.4%. ¿Se podría decir que esta depresión o esta grave crisis que empezó en 2008 ya ha tocado su final?
Las características de la crisis han ido mutando en el tiempo y entre diferentes geografías. Ahora, lo que estamos observando es que los países emergentes –entre ellos, los latinoamericanos– se ven afectados por un conjunto de incertidumbres. Por un lado, está el tema de ajustes o reacomodo de las condiciones monetarias: Estados Unidos generó una enorme liquidez, capitales que estuvieron buscando destinos para generar mayores rentabilidades. Perú se benefició con esto. Ahora estamos observando una reducción de esa liquidez, depreciación de la moneda e incertidumbre en el tema de inversiones. También tenemos el tema del reacomodo del crecimiento chino, que está afectando directamente a las materias primas. Luego viene un tercer elemento, en el caso de Perú, que es el tema político. Hay un enturbiamiento político que afecta a las grandes inversiones.

En principio, en Perú se debería tener un escenario político más disipado para la segunda mitad del 2016, pero todavía no queda muy claro lo que será el escenario internacional para ese entonces: qué es lo que va a pasar con China, qué impacto tendrá el hecho de desactivar el quantitative easing en Estados Unidos.

Ya a partir del 2016, la recuperación en Perú va a tener que ver con cómo el nuevo Gobierno continúa con sus reformas estructurales, fundamentalmente enfocado en el tema de generar mayor competitividad. Sobre Perú, el mundo estará observando cómo se va a trabajar en temas institucionales, en temas de formalización, de transparencia, de hacer efectivos los contratos, cómo se hará para que ese cúmulo de proyectos que se mencionan se concreten, y cómo se pueden hacer efectivas las inversiones en infraestructura, que realmente se ejecuten, que no se interrumpan… Eso va a ser la clave del crecimiento para los próximos cinco o seis años. De eso va a depender la pendiente que puede tener el crecimiento peruano.

¿Cuáles son sus consejos para los agentes económicos en esta época de inestabilidad, tanto para familias como para empresas?

Mirar a largo plazo. Perú tiene excelentes condiciones para crecer a largo plazo. Yo apostaría que las situaciones que estamos enfrentando ahora son un tema netamente coyuntural y que el Gobierno que asuma en el 2016 va a realizar las reformas necesarias para solucionar o dar el afinamiento necesario para impulsarnos en los siguientes años.

Vivimos, desde hace algún tiempo, un círculo virtuoso de reformas. Este engranaje institucional –cuyo funcionamiento ahora se ha visto detenido por fuerzas coyunturales, tanto externas como políticas– ya existe. Mi opinión sería tener calma en estos meses que se nos vienen. Nuestro potencial de crecimiento es realmente muy elevado. De hecho, cuando se compara Perú en términos relativos con otros países, se nota esa valoración diferencial que le dan a Perú respecto a otros países en la región.

Publicado en Mercados & Regiones número 8, junio de 2015

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