La historia detrás del dólar y la “guerra de divisas”: El pasado reciente promete al mundo un futuro turbulento

El panorama futuro de esta “guerra de divisas” tiene ya algunas reglas sentadas. El BCE piensa seguir su programa de compra de deuda hasta finales del tercer trimestre de 2016, la Fed mantendrá los niveles de interés en el corto plazo, y el Banco de Japón buscará devaluar aún más su moneda. No obstante, no todo está dicho; el mundo de las divisas es cambiante y está lleno de sorpresas.

ESCRIBE CARLOS AMADO AMPUERO, ANALISTA DE AURUM CONSULTORÍA Y MERCADO

La batalla de la Reserva Federal

Estados Unidos, año 2007. Se marca el inicio de la crisis financiera, después de un marcado incremento de las tasas de interés. La restricción al crédito se hizo notable: la economía empezaba a flaquear. En respuesta a esta situación, la Reserva Federal (la Fed), comprometida con sus objetivos –promover el máximo empleo sostenible, un nivel estable de precios y contribuir a la estabilidad financiera–, hizo su aparición como el salvador de la economía, no solo americana, sino mundial. La lucha se inició con préstamos a bancos comerciales a través de la ventanilla de descuento –rara vez utilizada, debido a la mayor tasa de interés de ésta en comparación con el mercado interbancario–. En busca de promover el uso de la ventanilla de descuento, la Fed rebajó la tasa de interés desde 6.25% (en agosto de 2007) hasta 0.25% (en diciembre de 2008). En menos de dos años, el costo del dinero era prácticamente nulo. El principal instrumento de política monetaria se había agotado y, con éste, la principal arma contra la crisis.

A pesar de los intentos de la Fed, la reducción de la tasa de interés no tuvo los resultados esperados. En un momento en el cual el mercado y el mundo estaban a la expectativa, se recurrió a otra poderosa arma, la comunicación, con el objetivo de actuar sobre las expectativas e influir sobre las tasas de interés de largo plazo. Según Ben Bernanke, presidente de la Fed en ese entonces, el compromiso de mantener las tasas de interés en un valor cercano a cero disminuye las expectativas del público de un aumento repentino de las tasas futuras, estimulando así la demanda agregada.

Si bien los efectos fueron positivos, no eran suficientes para combatir la recesión. Era necesario idear una estrategia fuera de lo común, algo nunca antes visto, algo innovador, efectivo y drástico. En respuesta a esta necesidad, la Fed ideó un conjunto de medidas con el fin de proporcionar liquidez a los mercados de créditos. Esta respuesta se llamó quantitative easing. La nueva estrategia de la Fed se dividía en tres campos de acción: compra de títulos a largo plazo, suministro de liquidez a mercados de crédito claves y préstamos a bancos y otras entidades financieras. Se marcó un nuevo inicio.

La nueva batalla estuvo llena de sucesos importantes: la creación de varios instrumentos que fomentaban la liquidez de instituciones bancarias, la inyección de liquidez a empresas importantes, la venta de dólares a bancos aliados alrededor del mundo, el aumento de activos a ser usados como garantía, la caída de Lehman Brothers, la compra de activos, entre otros.

Los efectos de estas medidas se vieron reflejados en la hoja de balance de la Fed; a causa de la impresión desmedida de dinero, su hoja de balance se expandió considerablemente. Los activos de la Fed, al año 2008, eran de US$ 0.9 billones (millones de millones); a mayo de 2010, eran de US$ 2.3 billones.

Estados Unidos, junio de 2013. Ben Bernanke señala una posible retirada de los estímulos; la aguja del dólar se movió apreciablemente. Más de un año después, luego de seis años de lucha desde los inicios de la crisis, el 22 de octubre de 2014, Janet Yellen, actual presidente de la Fed, anunció el fin del programa de compra masiva de activos financieros y préstamos hipotecarios.

Un nuevo panorama

¿La crisis ha acabado? Al año 2014, la economía estadounidense ha mejorado considerablemente: la tasa de desempleo se sitúa en 5.8% (la más baja en seis años) y el PBI creció en 3.9%, respecto a 2013.

Al parecer, la crisis que vivió Estados Unidos al fin está terminando, pero no debemos olvidar que esta crisis fue de carácter mundial. Mientras el titán de América luchaba, también lo hacían la eurozona y el continente asiático. Tanto Europa como Asia siguen experimentando problemas. A diferencia de Estados Unidos, el PBI de la eurozona sólo ha crecido en 0.8% respecto a 2013.

Esto, sumado a que las economías desarrolladas de Asia aún continúan con sus estímulos monetarios –lo cual debilita su moneda– y que la zona euro recientemente anunció un agresivo programa de compra de activos, hace que el valor del dólar suba respecto a las principales monedas del globo. Echemos un vistazo a los picos anuales entre el dólar y el euro, desde 2008 hasta 2014.

Se puede observar que, del pico de 2014 al punto más bajo de 2015 (a la fecha), el euro se ha devaluado en 20% frente al dólar. Las proyecciones de expertos señalan que este valor podría llegar a 1.10 euros por dólar en los próximos meses.

El inicio de la “guerra de divisas”

Japón. Noviembre de 2014. El Banco de Japón anuncia el aumento dramático de su programa de estímulo monetario. La principal consecuencia directa de la decisión tomada por el Banco de Japón es, sin lugar a duda, la devaluación de su moneda, pues, a mayor oferta de la misma, menor precio. ¿Con qué objetivo buscaría un país devaluar su moneda? El objetivo se centra en el fomento de las exportaciones, ofertando los productos a un menor costo; por otro lado, ocurre lo contrario con las importaciones, pues a Japón le costará más comprar productos extranjeros.

Pero, ¿cómo esta decisión impacta la economía mundial? En un mundo globalizado, al aumentar las exportaciones devaluando la moneda, se afecta a los demás países exportadores, quienes deberán empezar a devaluar sus monedas a fin de mantener su competitividad. Es similar a lo que en el mercado se conoce como una “guerra de precios”. Es muy probable que países como China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Tailandia –potencias mundiales en materia de producción– estén pensando en flexibilizar sus políticas monetarias.

La decisión de Japón tuvo repercusiones en todos los bancos de la eurozona. En 2014, el Banco Central Europeo (BCE) fijó la tasa de interés en 0.05% y, por si fuera poco, en enero de 2015, anunció la compra de deuda tanto pública como privada por un monto de 60,000 millones de euros al mes. No cabe duda: el BCE entró a la confrontación.

El 15 de enero de 2015, Suiza decidió volver a un cambio real con el euro a causa de la decisión tomada por el BCE; además de esta decisión, la tasa de interés del Banco Central helvético bajó a -1.25%. Cabe resaltar que esta decisión de Suiza ya cobró su primera víctima: Alpari (bróker británico) se declaró insolvente. Otro afectado por la decisión del BCE fue el Banco de Inglaterra, donde se estaba abogando por un incremento en las tasas de interés, hasta que se dio a conocer la noticia del BCE y se decidió mantener las tasas en 0.5%. Por último, la Fed mantendrá en el corto plazo las tasas de interés, pues un aumento de éstas supondría una mayor apreciación del dólar, lo cual sería un obstáculo para las exportaciones.

El panorama futuro de esta “guerra de divisas” tiene ya algunas reglas sentadas. El BCE piensa seguir su programa de compra de deuda hasta finales del tercer trimestre de 2016, la Fed mantendrá los niveles de interés en el corto plazo, y el Banco de Japón buscará devaluar aún más su moneda. No obstante, no todo está dicho; el mundo de las divisas es cambiante y está lleno de sorpresas.

Publicado en Mercados & Regiones número 5, febrero de 2015

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