Programas de MBA en el exterior: ¿qué programa es para cada quién?

Cada vez más profesionales en Perú están considerando realizar sus MBA fuera del país, y se podría decir que esta opción está cada vez “más de moda” entre los profesionales jóvenes de las ciencias empresariales y carreras afines.

Cada año, entre 40 y 50 peruanos se unen a los programas de MBA de las escuelas top 10 (Wharton, Stanford, Harvard, LBS, Columbia, entre otras) y más de 300 a los de las 100 escuelas más reconocidas en el mundo, esto sin contar los MBA part time y los programas de executive education, destinados a profesionales con más de una década de experiencia laboral.

Se observa una tendencia creciente, la cual no solo se relaciona con una demanda global en aumento por este tipo de programas, sino también con el hecho de que Perú, si bien a un ritmo menor de crecimiento económico, cada vez necesita de un mayor número de profesionales con conocimientos de vanguardia, para dirigir un sinnúmero de empresas, expansiones y proyectos de primer nivel, que año tras año surgen en el país.

En los últimos años, muchos de los peruanos graduados de estos programas han sabido encontrar en el país, a su regreso –ya sea inmediatamente después de finalizado el programa o luego de un tiempo de trabajar en el extranjero–, posiciones atractivas que han podido satisfacer sus aspiraciones y expectativas, lo que, asimismo, ha venido sentando precedentes para que posteriores generaciones vean en esta inversión una muy buena alternativa para avanzar en sus carreras.

Cientos o tal vez miles de profesionales peruanos cada año se aventuran al proceso de postulación para los MBA en el exterior, y la gran mayoría de estos se enfocan en una lista muy corta de programas. Esto lleva a que buena parte de los postulantes no alcancen sus objetivos, debido a que los cupos en los programas son limitados y los requerimientos son, en ciertos casos, muy exigentes.

Todo esto nos lleva entonces a una parte importante del proceso de postulación: saber elegir la escuela adecuada. Este proceso no debe tomar en cuenta únicamente, por el lado del postulante, sus habilidades, background y preparación, sino también el match que cada persona pueda hacer con las distintas escuelas. Por ejemplo, conozco casos de postulantes con muy buenas credenciales, y con puntajes envidiables en el GMAT (720+), que no fueron aceptados en algunas escuelas; esto no por falta de habilidades, conocimientos o años de experiencia relevante, sino probablemente porque la escuela no encontró alguna cualidad que buscaba en el postulante. Algunas escuelas buscan postulantes con espíritu emprendedor; otras, con proyección social; otras, con elevada inteligencia emocional; y, en algunos casos, simplemente un background determinado (finanzas, márketing, experiencia en el sector público, experiencia laboral internacional, etc.). Son simplemente características que ofrecen algún valor a la escuela, a su estilo y a su enfoque, y que “cuadran” con la fórmula secreta de cada institución.

En la otra parte de la ecuación están las variables que, si bien no son suficientes para asegurar el ingreso a la escuela soñada, sí son necesarias. Estas son la nota del GMAT –que, para los postulantes cuya lengua materna no es el inglés, debiera ubicarse, en el peor de los casos, en unos 50 puntos por debajo del promedio de la clase–, la nota del TOEFL –que como mínimo debe ser mayor a 100, en la mayoría de escuelas–, ensayos bien elaborados, experiencia relevante, un buen rendimiento universitario, cartas de recomendación atractivas, alguna actividad extracurricular notable, entre otras variables. Un vez definidas estas variables, se podrá analizar qué programas de MBA son los ideales en cuanto a estilo, especialización, ubicación, enfoque, método de enseñanza y, de igual forma, para cuáles el postulante puede ser atractivo.

Publicado en Mercados & Regiones número 6, marzo de 2015

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