Sector textil-alpaquero: ¿preparados para el futuro?

La primera y mayor debilidad se encuentra justamente en el punto de partida de la cadena productiva, es decir, en los criadores. Los pequeños criadores se ubican dispersos a lo largo de las zonas más altas del sur del Perú; en su mayoría tienen entre 50 y 200 alpacas en sus pastizales, las cuales son criadas de manera artesanal, sin ningún tipo de tecnología o método que asegure la calidad de la fibra.

El Perú concentra el 80% de la oferta de la fibra mundial de alpaca. Esto es posible porque el país cuenta con el 87% de la población mundial de estos camélidos –que en 2013 ascendió a 3.98 millones, según cifras del Ministerio de Agricultura y Riego–; el resto de la población de alpacas se ubica mayormente en Bolivia, Estados Unidos y Australia. En el Perú, la población de camélidos está distribuida a lo largo del sur del país, en las regiones de Puno (47.3%), Cusco (13.9%), Arequipa (11.7%), Huancavelica (6.8%), entre otras.

Entre los años 2002 y 2012, la producción de fibra de alpaca en el Perú se incrementó en 54.3%, pasando de 3,165 toneladas a 4,884 toneladas. El número de animales esquilados pasó de 1 millón 785,000 alpacas, en el año 2002, a 2 millones 680,000 en el 2012, lo que equivale a un incremento de 50.2%. Por su parte, el rendimiento por animal (medido en kilos de fibra de alpaca extraídos al año por animal) solo se incrementó en 2.7%, de 1,774 kg, en el año 2002, a 1,822 kg, en el 2012).

En noviembre de 2014, se anunció el lanzamiento oficial de la primera marca sectorial del país, llamada Alpaca del Perú, la cual concentra esfuerzos de instituciones públicas y privadas con la finalidad de difundir y dar a conocer al mundo la fibra de alpaca, resaltando sus orígenes peruanos, así como posicionar la fibra y los productos de valor agregado que se pueden elaborar a partir de ella como productos de calidad orientados a los mercados más exclusivos de prendas de vestir.

Es de esperar que esta iniciativa tenga como resultado el incremento de la demanda; pero ¿qué tan preparado está el sector para hacer frente a la demanda futura?

La cadena productiva del sector textil-alpaquero empieza por los criadores de estos camélidos. Según una investigación realizada por Global Development Solutions, presentada en marzo de 2015, la producción está totalmente atomizada, ya que el pequeño criador (hasta 200 alpacas), ubicado en las zonas altoandinas del sur del país, representa el 85% del total de la población de alpacas en el Perú; el mediano criador (de 201 a 1,500 alpacas), el 10%; y el gran criador (más de 1,500 alpacas), el 5%. El segundo actor de la cadena son los intermediarios, por quienes pasa el 80% del total de la fibra producida. Estos intermediarios están conformados por el alcanzador y el rescatista, quienes llegan a los lugares donde se ubican los pequeños criadores –y donde la empresa privada no llega por la lejanía entre pastizales y las condiciones deficitarias de acceso–. Estos rescatistas llevan la fibra recolectada a los comerciantes minoristas y mayoristas, quienes suelen tener contacto directo con la empresa privada o incluso exportan directamente la fibra sin darle un mayor valor agregado. Otro intermediario son las organizaciones o corporaciones de criadores –compuestas de criadores pequeños y medianos–, quienes se organizan para agrupar la fibra recolectada y llevarla directamente a la empresa privada, negociando un mejor precio al prescindir de intermediarios. Finalmente, la fibra llega por cualquiera de estos dos canales a la empresa privada, la que se encarga de procesarla y exportarla.

Siendo este el actual escenario de la cadena productiva textil-alpaquera, no es difícil encontrar varios puntos débiles en lo que se deben trabajar para poder responder a una mayor demanda.

La primera y mayor debilidad se encuentra justamente en el punto de partida de la cadena productiva, es decir, en los criadores. Los pequeños criadores se ubican dispersos a lo largo de las zonas más altas del sur del Perú; en su mayoría tienen entre 50 y 200 alpacas en sus pastizales, las cuales son criadas de manera artesanal, sin ningún tipo de tecnología o método que asegure la calidad de la fibra. Las familias que se dedican a la crianza de alpacas son cada vez menos, debido a la migración de los jóvenes a actividades que les generen mayores ingresos, como el comercio o la minería. Quienes se dedican a esta actividad son personas mayores –entre 40 y 60 años–.

De la mano con la migración, y una de sus principales causas, es que los intermediarios pagan precios muy por debajo del valor real de la fibra, ocasionando que esta actividad sea cada vez menos rentable para los criadores. Otra gran debilidad de la cadena es que los intermediarios, al negociar la venta de la fibra con los comerciantes o con la empresa privada, muchas veces adulteran la fibra, añadiéndo agua y mezclándola con otros productos para que la fibra pese más y reciban mayores ingresos.

Mientras la cadena productiva textil-alpaquera en el Perú presenta serias limitaciones, otros países están desarrollando su propia industria textil-alpaquera: en Australia se han desarrollado proyectos de mejora genética y China recientemente ha adquirido más de 500 alpacas para poder desarrollar sus propios criaderos. Si bien en un corto plazo estos participantes no son una gran competencia, en el futuro sí pueden llegar a serlo.

Lo que se espera con el lanzamiento de la marca Alpaca del Perú es incrementar las exportaciones textiles alpaqueras con valor agregado; pero ¿cómo soportar ese incremento de demanda, si los criadores no cuentan con las condiciones para seguir desarrollándose y continuar con la crianza? Se hace necesario que el Gobierno, la empresa privada y la academia trabajen de manera conjunta en estrategias que puedan sostener la cadena productiva, mejorando las condiciones laborales y económicas de las más de 120,000 familias que dependen de toda la cadena productiva, empezando por el lado más débil –es decir, los criadores–, a través del desarrollo e implementación de proyectos de mejora genética, mejora de infraestructura para el acceso y trato directo de la empresa privada con los criadores, y capacitación en el criado y esquila, así como la educación para que el criador no se limite a solo esquilar la fibra, sino que también aprenda a seleccionarla, lavarla y darle un valor agregado para que pueda mejorar sus ingresos.

Estas son medidas básicas que deberían tomarse en el corto plazo, pues, si bien actualmente la principal fortaleza del sector es la cantidad de alpacas con las que cuenta el Perú, esta fortaleza se ve amenazada; y es poco probable que, con las condiciones actuales, se pueda responder adecuadamente a un incremento de la demanda.

Publicado en Mercados & Regiones número 6, marzo de 2015

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