Bajar impuestos a los ricos no funciona para impulsar la economía

“La economía mundial se ha estabilizado, pero todavía no hemos salido de esta megacrisis que empezó en 2008”, señala Jesús Palau, profesor titular en Esade. “De hecho, todavía las tasas de crecimiento mundiales son más pequeñas de lo que eran antes de la crisis; por tanto, no veo que estemos en una gran mejoría”.

ENTREVISTA A JESÚS PALAU MONTAÑANA, PROFESOR TITULAR DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA, FINANZAS Y CONTABILIDAD EN ESADE

¿Para quiénes han mejorado las cosas?
Las cosas han mejorado mucho para las rentas del capital: ganan mucho dinero, en promedio más de lo que ganaban antes, pero los salarios se han estancado a nivel mundial. Por lo tanto, esta salida de la crisis no está exenta de riesgos de recaídas. Últimamente, tenemos amenazas claras: una es Brasil, otra es China y la otra es que la Fed suba tipos de interés y que sea excesivamente pronto. Esos tres riesgos están ahí y ninguno de ellos favorece el crecimiento a largo plazo.

Estamos saliendo de la crisis desde el punto de vista del PIB, pero no estamos saliendo de la crisis desde el punto de vista de los salarios o del empleo –Europa tiene una tasa de paro que es el doble de la americana, cuando antes de la crisis eran muy similares–.

¿Cuáles son las reformas estructurales que tendría que hacer Europa o España para seguir creciendo?
Hay varias cosas de fondo que deberían cambiarse. La primera es que tenemos un sistema financiero demasiado grande, con demasiada influencia sobre la economía real. Eso debería limitarse, en la medida de lo posible, sobre todo cuando hablamos de libertad absoluta de movimiento de capitales financieros. No me refiero a las inversiones reales, pero estos movimientos de capitales en inversiones financieras –bonos, acciones, derivados, etc.–, que lo único que hacen es “hoy entro aquí y mañana salgo allá”, moviendo los precios de una manera puramente especulativa, son perjudiciales para el desarrollo de la economía normal, de la economía productiva, la que nos permite comprar y vender los bienes reales que necesitamos.

Un segundo punto serían las políticas fiscales. Estamos en un mundo en que solo pagan los impuestos que les corresponden las rentas del trabajo, mientras que las rentas de capital tienen mecanismos muy variados para escabullirse. Esto es un gran defecto a corto y largo plazo. Yo creo que el impuesto debería ser el que las naciones deciden que sea, y eso debería decidirse de forma democrática.

Para ello sería necesario que el arbitraje fiscal fuera declarado ilegal, por decirlo de alguna manera: que para que venga una empresa yo le quite el impuesto a las utilidades durante diez años debería estar penalizado. La fiscalidad internacional debería ser neutral para las inversiones empresariales. Si no es así, este arbitraje fiscal es muy interesante para la empresa, pero no es nada interesante para la economía en general. La vía de que, si a los ricos les bajamos los impuestos, eso trascenderá en la economía, ya se ha demostrado que es falsa, no funciona.
Es momento de que los impuestos se vuelvan a pagar de forma relativa a lo que realmente uno gana. No entiendo por qué en Europa un señor que por su trabajo gana más de US$ 100,000 tiene que pagar un 30%-40%, y un señor que gana lo mismo por rentas de capital solo tiene que pagar el 15%. Esta es una gran transformación que debiera realizarse.

En Europa tenemos un problema a largo plazo, el euro, porque una unión monetaria sin transferencias fiscales no
funciona o tiene grandes riesgos, como nos ha pasado en España y en Italia, y les sigue pasando a los griegos. Hasta
que no consigamos una unión fiscal más completa, con capacidad para emisión de eurobonos y un presupuesto
federal –ya hablando de un gobierno económico-político europeo–, la seguiremos pasando mal.

¿Debería existir una regulación más estricta sobre los límites de endeudamiento soberano?
El endeudamiento soberano no es, de hecho, tan peligroso, siempre que no exista una gran dependencia de la
financiación externa. Porque el endeudamiento soberano, mientras sea entre los componentes del país es una
transferencia de rentas entre una parte y otra y, por lo tanto, no me parece tan peligroso.

Algo que sí me parece muy peligroso es el endeudamiento de las empresas. Una empresa española súper interesante, que es Inditex, no tiene ni un céntimo de deuda financiera –excepto de los proveedores, que es lo normal–. Inditex es un buen ejemplo de una compañía que funciona sin deuda. Si uno hace cosas que son productivas, que a la gente le gusta y que aprecia, no necesita forzosamente tener grandes niveles de endeudamiento. Deberíamos intentar controlar el endeudamiento empresarial y especialmente el bancario.

Cuando uno observa los crecimientos de crédito muy superiores al crecimiento nominal de la economía, se está posibilitando la creación de burbujas financieras que son siempre un peligro para la economía real.
La deuda es muy interesante, siempre que se pueda pagar. Hay muchas empresas que están con grados de
endeudamiento excesivos y, en muchos casos, no con la finalidad de incrementar las inversiones reales, sino con el objeto de pagar dividendos o recomprar acciones –los famosos recap–. Por lo tanto, yo creo que la reducción del endeudamiento empresarial sería muy interesante, siempre que lo reduzcan por sus propios medios y méritos, y no con cargo al Estado, o sea, los ciudadanos, como ha sucedido en esta crisis.

Si un Estado se endeuda para financiar gasto corriente, pues mala historia; en cambio, si lo hace para financiar
inversión pública interesante, eso me parece muy razonable en una situación como la que estamos. Nos falta, a nivel mundial, inversión pública en cosas que nadie quiere hacer. Por ejemplo, estamos faltos de inversión pública en educación, comunicaciones, carreteras, ferrocarriles, infraestructuras. Eso que nadie quiere hacer y que luego todo el mundo aprovecha, solo lo pueden hacer los Estados.

Este sería un momento estupendo para tener un programa global de estímulo fiscal, de gasto público dedicado básicamente a la inversión en sanidad, educación e infraestructuras, que de alguna manera condicionan el futuro de la economía. En mi opinión, un programa así daría un impulso decisivo para que se produjera un aumento del empleo.

Por ejemplo, Alemania tiene unas infraestructuras impropias de un país líder a nivel mundial, y no hace nada para promoverlas. A los Estados les convendría endeudarse, porque los tipos de interés están muy bajos en este momento a nivel europeo y a nivel americano, y, si se dedica a inversiones productivas, ganaremos mucho para el futuro, porque una de las grandes amenazas a nivel mundial es el descenso del crecimiento potencial de las economías.

¿Usted cree que el crecimiento chino pueda bajar al 5% a corto plazo?
China es una incógnita. Creo que tarde o temprano la ley de la gravedad acaba por actuar; a largo plazo, estos crecimientos tan espectaculares del 7% o del 10% son insostenibles. China tiene dos grandes problemas en este momento: uno es una burbuja inmobiliaria considerable, ¿quién pagará estas casas hechas para acoger a los trabajadores del campo que vienen a trabajar a las ciudades chinas?
Otro tema que a mí me parece muy peligroso es la sobrevaloración de la bolsa china. Por ejemplo, el hecho de que se hayan endeudado fuertemente para jugar en bolsa, a mí no me parece nada tranquilizador. Ahí hay dos factores grandes de riesgo de la economía china, aparte de uno que es general, y es que la economía china no deja de ser la de un país comunista. Es como si antes de la caída del muro nos hubiéramos dedicado a poner las fábricas en la
Unión Soviética: estamos poniendo las fábricas en la nueva Unión Soviética y a todos nos parece normal y estupendo.

Publicado en Mercados & Regiones número 12, octubre de 2015

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