Religión y política en la campaña electoral

Existe una tensión doctrinal entre el conservadurismo moral y el fundamentalismo de mercado. El conservadurismo o es defensor del establishment o es excesivamente cauteloso para impulsar el cambio social. En cambio, el liberalismo rompe las relaciones sociales tradicionales al exacerbar el individualismo. 

Hace unas semanas Monseñor Del Río, Arzobispo de Arequipa, mencionó a los candidatos que, siguiendo los principios de la doctrina de la Iglesia, no deberían ser apoyados por los católicos.

Palabras que sin duda generaron polémica. Muchos alegaron que el Perú es un estado laico y que se debería dejar de subvencionar a la Iglesia, sobre todo si los curas usan el púlpito para hacer política (el Cardenal Cipriani expresó, desafortunadamente, que el sólo recibía una “limosna” de mil cuatrocientos soles, monto que gana en promedio un profesor estatal). Otro grupo importante respaldó las opiniones del obispo, saliendo incluso en una marcha de apoyo promovida por sectores conservadores ligados a la Iglesia.

Particularmente considero que la discusión no va por ese camino. La reacción no es ni jurídica (estado laico) ni socio-política (marchas de respaldo que sólo terminan politizando el tema). Si tomamos con cierta coherencia lo dicho por Monseñor Del Río podemos extraer dos conclusiones:

1.- Los católicos no deben votar por candidatos que promuevan políticas en contra de la vida y la familia.
2.- Identificados estos candidatos (Barnechea y Mendoza), deberíamos entender que los católicos tienen carta abierta para votar por el resto de candidatos, que tendrían la bendición del obispo.

Al respecto, es interesante resaltar que los dos candidatos a los que el obispo censuró pertenecen (¿casualmente?) a la centroizquierda. Así, podríamos concluir que es la izquierda la abanderada de las políticas contra la vida y contra la familia tradicional.

Pero, ¿es realmente así? Descontando a estos dos candidatos, el resto pertenecen al sector liberal. Ahora, Monseñor tendría que demostrar que estos candidatos (liberales) no promueven este tipo de políticas. Cosa que por cierto nunca hizo.

Existe una tensión doctrinal entre el conservadurismo moral y el fundamentalismo de mercado. El conservadurismo o es defensor del establishment o es excesivamente cauteloso para impulsar el cambio social (tal vez el caso más paradigmático sea el de Burke y sus impugnaciones a las utopías mesiánicas de la revolución francesa por poner un ejemplo histórico). En cambio, el liberalismo rompe las relaciones sociales tradicionales al exacerbar el individualismo. Tiene una naturaleza disruptiva que socava las estructuras tradicionales de autoridad, destruye el concepto de familia tradicional al aceptar otras posibles formas de unión y amenaza la propia identidad nacional al propiciar un cierto cosmopolitismo que lo sitúa más allá de las fronteras del Estado Nación.

Finalmente, podemos afirmar que la opinión de monseñor fue política, en tanto manifestó su apoyo a políticos de tendencia liberal sin advertir la contradicción. Si bien, en su momento, los católicos y los liberales fueron compañeros de ruta, al final del sendero surgirán las tensiones propias de estas dos visiones del mundo antagónicas, contrapuestas.

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