Caída de gabinete Zavala: hay que recuperar la gobernabilidad

SEMANAeconómica.- La crisis del gabinete, desatada tras el denegado pedido de confianza del ahora expremier Fernando Zavala, marca un punto de no retorno en la relación entre el Ejecutivo y Legislativo. Ésta ha estado plagada de pugnas durante este primer año, pero ese nudo ha empezado a desatarse, lamentablemente de forma accidentada en lugar de colaborativa, pero ya no hay vuelta atrás.

Corresponde ahora que las aguas vuelvan a su cauce y se retome la gobernabilidad perdida, que consiste en que el Ejecutivo gobierne con eficacia y muñeca política y el Legislativo fiscalice sin obstruccionismo. Para eso, la actitud de ambos respecto del último año debería cambiar. El gobierno ha dado el primer paso al ponerse firme en defender sus fueros. Ahora toca que el Congreso, y específicamente el fujimorismo, recobre la cordura. Porque su actuación ha sido, en el balance, lamentable, a pesar de los esfuerzos de diversos ‘ayayeros’ mediáticos para negar lo evidente (no faltan ‘analistas’ que sostienen que el fujimorismo ha sido hasta complaciente (¡!) con el gobierno).

Para mencionar solamente lo ocurrido a propósito del incidente que generó esta crisis, la interpelación y anuncio de censura a la ministra Marilú Martens por la huelga magisterial, y no extendernos en los incidentes anteriores en otras carteras, hay que decir con toda claridad que la actuación del fujimorismo consistió en dinamitar los esfuerzos de diálogo con los huelguistas, coquetear con representantes del radicalismo más destructivo, poner en duda la meritocracia, faltar el respeto a la ministra durante la interpelación al abandonar prácticamente en masa el hemiciclo, y luego plantear una censura sin mayor sustancia. Todo lo cual supuso exponer (una vez más) la educación de los niños peruanos, nada menos que el capital humano del futuro. (SE 1583).

Ante tal coyuntura, tener a disposición la herramienta del voto de confianza y no usarlo constituiría un lento suicidio para el gobierno del presidente Pedro Pablo Kuzcynski (PPK), que hubiera quedado postrado por cuatro años más sin posibilidad de hacer nada significativo. Era desesperante que, empecinado en despreciar el arte de la política, PPK vacilara torpemente ante cada embate de la aplastante oposición parlamentaria. Su cambio de actitud resulta por ello saludable.

Y el mensaje es claro: o dejan al Ejecutivo gobernar, o éste usará la artillería constitucional a su alcance para hacer lo que los ciudadanos le encargaron al conferirle el mandato presidencial. Eso implica —o debería implicar— que si el fujimorismo se empecina en su actitud destructiva, y por ejemplo niega la confianza al siguiente gabinete, o vuelve a incurrir en censuras caprichosas, se proceda al cierre del Congreso como prevé la carta constitucional. Un desenlace por cierto indeseable, pero que está principalmente en manos de la bancada naranja evitar. Y ante un escenario de ese tipo, los resultados electorales que pronostican mayor caudal electoral para ella, incluso con encuestas (fuera de contexto) no pasan de ser una mera especulación.

Nadie quiere más entrampamientos, y precisamente por eso el camino que se ha abierto, si bien confrontativo, desembocará finalmente en una definición en este choque de poderes. Para eso se pusieron esos mecanismos en la Constitución.

 

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