Bogotá: ¿El metro como vía de desarrollo?

Desde que Londres inaugurara la primera red de metro en 1863, muchas son las ciudades que han decidido apostar fuertemente por la implantación de éste sistema de transporte. Pero… ¿hasta qué punto compensa?

Países desarrollados como Alemania, China o Estados Unidos cuentan con más de una quincena de ciudades en las que el suburbano se ha desarrollado con éxito. Igualmente destacable es también el papel realizado por España, que que cuenta con red de metro en 8 de sus grandes urbes.

Se hace patente, por tanto, que las grandes naciones industrializadas poseen una sólida red de ferrocarriles metropolitanos y esto se debe, principalmente, a la polarización y extensión de sus ciudades.

¿Qué ofrece una red de metro?

Así, un sistema de ferrocarriles suburbanos se hace indispensable en ciudades próximas al millón de habitantes, en la que la mayoría de los servicios se concentran en el centro urbano y cuya movilidad superficial se antoja compleja. De este modo, una red de metro es una solución que, pese a necesitar de una elevada inversión económica, resulta óptima si se alcanza una demanda que supere los 10.000 viajeros por hora y sentido.

Con ello se consiguen importantes beneficios para la sociedad: mejorar la movilidad de todos los ciudadanos, reducir las emisiones nocivas para la atmósfera al utilizar un sistema de transporte común, ahorrar tiempo en los desplazamientos y devolver el espacio urbano a las personas para su disfrute; todo ello propiciando un aumento de la actividad y producción económica de la zona.
Las grandes ciudades

Las grandes ciudades latinoamericanas, conocedoras de todas estas ventajas y de la importancia de un sistema de transporte como éste, han implantado sus redes de ferrocarril metropolitano paulatinamente a lo largo de la Historia.

Algunos incluso, superan el centenar de años, como ocurre con el “Subte” de Buenos Aires, todo un icono de la ciudad con sus más de 60 kilómetros de longitud; o el metro de la Ciudad de México, que transporta anualmente más de 1.700 millones de pasajeros siendo un ejemplo para el resto de sistemas. Igualmente destacables son las redes de São Paulo y de Santiago de Chile, inaugurados en 1974 y 1975, respectivamente.

El metro de Bogotá, una vía para el desarrollo.

La capital cafetera, con más de 8 millones de habitantes, tiene ante sí el reto de solucionar los problemas de movilidad originados por el crecimiento de su población y la limitación orográfica para el establecimiento de nuevos desarrollos urbanos.

Su población se ha visto incrementada en casi un 93% en los últimos 30 años, lo cual se ha visto reflejado, irremediablemente, en el aumento del parque vehicular privado, generando problemas de transporte.

Ante esto, en la ciudad se han planteado ya la ejecución de grandes obras como la construcción de un sistema metro y un tren de cercanías que, junto con la ejecución de un sistema integrado de transporte público y la ampliación del Transmilenio, puedan dar una óptima respuesta a la perjudicada movilidad urbana.

Sin embargo, estas iniciativas han sido tratadas históricamente de forma independiente y parece que, por fin ahora, se busca coordinar su ejecución entre todos los agentes involucrados.

En este sentido, la Secretaría de Movilidad realizó recientemente un estudio para determinar cómo sería la movilidad de la ciudad en un horizonte situado a los 14 años. Se determinó, entonces, que para el año 2030 se realizarán 10,5 millones de viajes diarios, lo cual ha permitido estimar que la demanda del Metro superará los 960.000 pasajeros diarios, cifra que respalda notablemente su construcción.

Para entonces, se espera que estén en circulación 25 trenes que podrían llegar a ser 54 en un futuro no muy lejano. Dichos convoyes realizarán 15 paradas en los 31 kilómetros de los que consta el proyecto: en Portal Américas, Villa Blanca, Palenque, Kennedy, Boyacá, Avenida 68, Rosario, NQS, Santander, Hospitales, Calle 26, Calle 45, Calle 63 y Calle 72.

De esta forma, la línea 1 del metro de Bogotá atravesará la capital colombiana de norte a sur a través de una infraestructura elevada (solución adoptada frente a la firme geología del terreno) a 12 metros sobre el suelo, por la que los vagones circularán a una velocidad máxima de 41 km/h en un ancho de vía de 1.435 mm (ancho internacional).

La inversión estimada para realizar este proyecto supera los 13.000 millones de dólares y se espera que su inauguración se produzca en el año 2022. Según un estudio previo encargado por el BID a la consultora Deloitte, el metro de Bogotá tendría importantes beneficios para la sociedad que empezarían a notarse a los pocos años de su inauguración: reducción de costos de operación de vehículos privados y transporte público, aumento de beneficios monetarios por disminución de emisiones de gases contaminantes, reducción de costos por accidentalidad o el ahorro de tiempo previsto (hasta más de 1.000.000.000 de horas ahorradas para 2052)

Los datos iniciales apuntan a que esta infraestructura puede traer muchos beneficios a los ciudadanos y la economía de la capital colombiana. El tiempo nos dirá si finalmente resultan ser tan buenos como se esperan.

Una década prodigiosa para el Metro en América Latina: Bogotá cierra el círculo

Tras muchos años de retraso en su implementación, especialmente tras la “década perdida de los 80”, en el que solo se inauguró el de Caracas, en la que muchas capitales congelaron planes y otras pararon su expansión, el nuevo milenio ha arrancado con muchos metros nuevos en el continente .

Lima, Panamá, Salvador de Bahía, Santo Domingo y bastantes más son algunos de los ciudades que han estrenado sistema ferroviarios de transporte urbano en años recientes. Además el de mayor extensión y más usado de América Latina (el de México) ha ampliado su alcance y de otros de la importancia como Sao Paulo o Santiago de Chile también han sumado líneas. Y todo parece que los sistemas seguirán creciendo.

La contaminación y congestión de las carreteras en la región, una mayor conciencia ecológica y el haberse demostrado como un medio muy valorado por la ciudadanía (una vez terminadas las molestias de las obras) por su rapidez y seguridad han convencido a los políticos que además de económico, ecológico y de mejorar la calidad de vida y movilidad social de sus ciudades, son también una buena inversión en su electorado.

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