Marketing: Amor del bueno

Las marcas, al igual que las personas, ansían ser parte de nuestras vidas y buscan conquistarnos de diferentes formas.

Hoy desperté pensando en el amor. Cuando ves por primera vez a “esa persona especial” tu corazón se acelera, liberas sustancias químicas que provocan que tu cuerpo experimente distintas sensaciones, comienza el mariposeo en el estómago, te pones nervioso: quedas “flechado.” Y finalmente te das cuenta que estás enamorado.  No existe para ti nada más hermoso en el mundo que ese ser angelical.

Suena romántico ¿verdad? Pero, ¿podemos estar enamorados toda la vida? ¿Qué sucede cuando termina este proceso biológico y dejas de idealizar a la persona, analizando así sus verdaderas cualidades?

Por muchos años se creyó que los productos son simplemente un grupo de características particulares y que las marcas nos ayudan básicamente a diferenciarnos en el mercado. Aprendimos a hacer una lista de ventajas funcionales donde el consumidor “racional” elegirá la mejor opción luego de haber procesado y evaluado la utilidad con la que se vería beneficiado. Los consumidores buscan marcas que añadan valor a su vida cotidiana y esto se logra siendo auténtico, pero sobre todo brindando experiencias inolvidables. Podemos lograr que el consumidor se conecte con nuestra marca en una etapa inicial por algún atributo excepcional con el que nos identificó, obteniendo satisfacción a su necesidad específica de aquel momento, ¿pero eso garantiza que nos amará y por ende consumirá toda su vida con nosotros?

El ser humano no responde de modo automático a estímulos fríos; tenemos voluntad y nuestra elección responde a muchos otros criterios. La experiencia positiva que se vive al consumir determinada marca es clave para que yo repita la compra y por ende me vuelva fiel a ella. Por lo tanto, nosotros como profesionales de marketing debemos proporcionar el entorno para generar experiencias dignas de ser recordadas. Según Bernd Schmitt, la marca debería ser fuente de asociaciones sensoriales, afectivas y cognitivas. Esto puede lograrse trabajando estrategias basadas en cinco tipos de experiencias: sensaciones, sentimientos, pensamientos, actuaciones y relaciones.

La inversión en planes de marketing aun no es un factor primordial para los directivos en la ciudad de Arequipa; mucho menos se tiene pensado incluir presupuesto para desarrollar híbridos experienciales que atraigan al cliente. A pesar de ello, podemos notar que las marcas están haciendo un esfuerzo, aparentemente de forma intuitiva, por sorprendernos y llegar a nuestro corazón. El amor romántico que logró la marca al inicio puede ser fugaz, únicamente se puede llegar al amor compañeril (amor verdadero) ganando la confianza y respeto del consumidor. Para llegar a ser una “lovemark” hay un largo camino por recorrer.

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