¿Crecer? ¿Vía deuda o capital?

Toda empresa que está pensando crecer tiene que considerar primero cómo va a financiar dicho crecimiento. La premisa es que todo crecimiento requiere de mayor financiamiento. La pregunta es ¿crecer por vía de capital o deuda?

ESCRIBE: HENRY ACKERMANN

Crecer por vía de capital es válido, pero debería depender de la estructura de capital que tenga la empresa. En efecto, es posible calcular teóricamente una estructura óptima de capital, la cual permite maximizar el valor de la compañía así como el precio de la acción. Una empresa sobrecapitalizada, si bien puede estar orientada a mantener niveles adecuados de liquidez, podría estar atentando contra la rentabilidad; y, en cambio, una empresa sobreapalancada genera otro tipo de riesgos.

Pero ¿cuales son las principales ventajas de cambiar capital por deuda? Primero, que la estructura de financiamiento del activo se abarata, puesto que el retorno exigido por el accionista es mayor dado su nivel de compromiso. También repercute en un ahorro en el pago de impuestos, dado que el gasto financiero es un gasto deducible. Y, por si esto fuera poco, mejora también el retorno sobre el capital (ROE) y la utilidad por acción. Pero, si tiene tantos impactos positivos, ¿por qué las empresas no tienden a sobre-endeudarse? Pues porque el pago de intereses es obligatorio —a diferencia del pago de dividendos— y el riesgo financiero aumenta. La empresa podría entrar en default al tener intereses elevados y no generar flujos suficientes para el repago de la deuda, riesgo que se acrecienta en épocas de desaceleración.

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Ahora bien, luego de analizar la situación financiera de la compañía y decidir que se crecerá por vía de deuda, surgen nuevas preguntas: ¿qué tipo de deuda?, ¿en qué moneda?, ¿a qué plazo? Si la brecha que debe cubrirse es de corto o muy corto plazo, existen mecanismos de financiamiento sin tener que asumir costos adicionales: básicamente implican tener que ajustar las manijas del activo y pasivo corriente —como disminuir el nivel de existencias o de las cuentas por cobrar, o aumentar el plazo de pago a proveedores— de tal forma que se mejore el ciclo de caja de la compañía. Evidentemente, este proceso implica sentarse a negociar con los clientes y proveedores, ya que toda decisión que afecte a otros, tomada unilateralmente, es, de por sí, una mala decisión. Este tipo de déficit se conoce como coyuntural y se origina por las operaciones propias de cada empresa, ya sea por una mala gestión de la necesidad operativa de fondos o por el crecimiento de las ventas, y normalmente se cubre, después de los ajustes correspondientes, con recursos negociados (pagarés) de corto plazo.

Sin embargo, si se está pensando en realizar una inversión que permita el crecimiento en el mediano o largo plazo (ampliación de un edificio, compra de un terreno de gran extensión, expansión de los almacenes) y que, por lo tanto, el flujo esperado de dicha inversión sea en el largo plazo, se trata de una decisión que requiere otro tipo de financiamiento. Tradicionalmente existen tres caminos: por vía de la banca tradicional (pagarés de mediano plazo), por vía de un fondo de inversión, o por vía de la emisión de deuda en el mercado de capitales.

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Para tomar la mejor decisión, conviene hacerse las siguientes preguntas: ¿tenemos holgura en nuestras líneas bancarias actuales o potenciales?, ¿tenemos poder de negociación suficiente como para conseguir un financiamiento estructural con mínimos covenants o collaterals?, ¿estamos en condición de firmar los mismos documentos o garantías similares a los requeridos para pagarés de corto plazo?, ¿qué tan dispuestos estamos a compartir información con potenciales inversionistas?, ¿tenemos la casa ordenada como para obtener una buena calificación de riesgo?, y no menos importante ¿estamos en la capacidad de gestionar el crecimiento?, ¿tenemos los recursos —financieros, logísticos, humanos, tecnológicos, otros— necesarios para lograr el éxito en el largo plazo?

Son muchas las interrogantes que deben plantearse antes de  tomar la decisión de crecer. El crecimiento es positivo, pero, mal gestionado o mal planteado, puede traer más de un dolor de cabeza.

Publicado en Mercados & Regiones número 19, abril de 2017     

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