La nueva izquierda

En este escenario postelectoral surge como una necesidad la consolidación de una izquierda moderna que realice un claro y honesto reposicionamiento ideológico que implique una renuncia explícita al marxismo, y la construcción de un espacio político amplio para integrar a todos los sectores progresistas, y flexible que permita realizar alianzas políticas sin caer en los antiguos y antipolíticos sectarismos o dogmatismos ideológicos de la vieja izquierda.

Es cierta la afirmación de que no existe una izquierda sino varias. Desde sus orígenes, la izquierda política se ha ido descomponiendo en diversos grupos, frentes, alianzas y partidos, casi siempre debido a disquisiciones ideológicas insuperables. También es cierto que algunos de estos grupos o movimientos se han aggiornado, aceptando hechos que antes eran vistos como epifenómenos de una relación de dominación hacia posiciones políticamente menos ideológicas y más pragmáticas.

En la última campaña electoral se dieron dos hechos interesantes que nos permiten ahondar con mejor conocimiento en el tema: por un lado, dentro de los movimientos de izquierda se generaron replanteamientos programáticos que permitieron identificar a un sector con liderazgos jóvenes y en un importante proceso de integración interno encabezado por Verónika Mendoza, y por otro lado una izquierda antisistema cuyo único objetivo era generar incertidumbre y desestabilización del orden político y económico; esta última liderada por el procesado expresidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos.

En este escenario postelectoral surge como una necesidad del mismo sistema democrático la consolidación de una izquierda moderna que realice dos movimientos estratégicos: uno, y tal vez el más importante, un claro y honesto reposicionamiento ideológico que implique una renuncia explícita al marxismo (y todo lo que ello conlleva, como la ruptura con la desacreditada e ineficiente teoría económica marxista, el rechazo de la violencia como medio para transformar la sociedad, la superación de esa tendencia nefasta hacia la planificación total de la sociedad y la creación del “gran” Estado, el conservadurismo moral, intrínsecamente contradictorio tratándose de movimientos de vanguardia, entre otros) y dos, la construcción de un espacio político lo suficientemente amplio para integrar a todos los sectores progresistas, y lo suficientemente flexible que permita realizar alianzas políticas sin caer en los antiguos y antipolíticos sectarismos o dogmatismos ideológicos de la vieja izquierda.

Del socialismo deben conservarse sus ideales, su radicalismo, su capacidad de movilización y de acción política. La izquierda tiene que marcar posición sobre fenómenos como el surgimiento de una ciudadanía más individualista, los embates y beneficios de la globalización y los problemas ecológicos. La emancipación del hombre no es el hombre nuevo marxista sino el ciudadano que posee derechos sociales, políticos y culturales que realmente se cumplen, es la persona humana que puede elegir libremente su proyecto de vida contando con un piso mínimo de cobertura social por parte del estado que le permita no morir de hambre ni por enfermedades, no dejar de estudiar por dificultades económicas e insertarse en la sociedad con igualdad de oportunidades.

La nueva izquierda debe promover una recuperación de la política como forma de construir sociedades democráticas y libres. Debe ser explicita al momento de responder por sus errores históricos para así superar y resolver la acusación de “terroristas”, “extremistas o “violentistas”. Esta es una tarea urgente que recién empieza y cuyos resultados reales veremos en las próximas elecciones municipales y regionales.

Sea el primero en comentar sobre "La nueva izquierda"

Deje un comentario