Populismo nacionalista, el nuevo pasaje al poder

El Brexit y la elección de Trump son solo ejemplos de un creciente nacionalismo populista en varios países del primer mundo. El mundo está presenciando el inicio de una tendencia populista nacionalista en la gestión de los países más poderosos, que está creciendo en fuerza y en número de manifestaciones.

El 23 de junio de 2016, los británicos tuvieron la responsabilidad de decidir la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea y, una vez contados los votos, se anunció el Brexit (Britain exit). La salida del país era inminente. Los promotores del Brexit argumentaban principalmente tres cosas: que ellos daban más a la Unión Europea de lo que recibían de ella, que las regulaciones europeas eran excesivas y que convenía reducir la presencia de extranjeros.

Por otro lado, el 20 de enero próximo Donald Trump, político multimillonario, considerado por diversos medios como xenófobo, proteccionista, nacionalista y aislacionista, jurará el cargo de presidente de Estados Unidos. Trump logró ser elegido al tomar en cuenta diversos aspectos que no fueron abordador por sus competidores: el malestar de aquella parte de la población que no percibía beneficios de la globalización, la disminución continua del poder adquisitivo de la clase media, a los que aún sufren secuelas de la Gran Recesión de 2008, a los blancos de la clase trabajadora y a una reprimida incomodidad por la inmigración estadounidense. Todo esto sumado a la no tan buena imagen de Hillary Clinton, consecuencia en parte de un discurso en contra de la cultura y religión tradicionales, hicieron posible la elección de Trump.

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Por su parte, en Europa, el partido de derecha Alternativa por Alemania, liderado por Frauke Petry, fue descrito por Der Spiegel como “los predicadores del odio”; sin embargo, no ha parado de crecer en las encuestas, de un 3% en intención de voto al 24% de cara a los comicios federales de este 2017.

Le Pen, líder del partido Frente Nacional Francés, es favorita según las encuestas para pasar a segunda vuelta en las elecciones presidenciales, con aproximadamente 25% de la intención de voto. Le Pen plantea que, en sus primeros seis meses en el cargo, hará un referéndum tipo “Frexit” (la salida de Francia de la Unión Europea) y confía canalizar la ira de los votantes por la mala situación económica, la inmigración y el islam militante.

Rodrigo Duterte ganó en mayo del 2016 las elecciones presidenciales de Filipinas. “The Punisher”, como es conocido, ganó las elecciones bajo la promesa populista de acabar con el terrorismo en Filipinas; el problema es cómo. Él defiende las ejecuciones sumariales de criminales como la manera más efectiva de luchar; es mujeriego confeso y ha sido calificado como un dictador en potencia.

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Así como Estados Unidos tiene a Donald Trump, Reino Unido a Nigel Farage, Alemania a Frauke Petry, Francia a Le Pen, y Filipinas a Rodrigo Duterte, hay otros muchos casos donde un populismo nacionalista está siendo usado para ganar adeptos: Jaroslaw Kaczynski en Polonia, Viktor Orbán en Hungría, Norbert Hofer en Austria, Recep Tayipp Erdogan en Turquía, Vladimir Putin en Rusia, entre otros. Estos mandatarios y personas con influencia en sus países tienen en común la forma como buscan ganar popularidad: un discurso populista, diciéndole al pueblo exactamente lo que quiere escuchar y prometiendo darle lo que tanto desea, independientemente del cómo se hará y de las consecuencias que acarrearía. Esto, potenciado con ideas nacionalistas que les da una identidad común a los votantes haciéndolos sentir parte de la “gran solución”, convence a desesperanzados y disconformes, pero sin claridad respecto a dónde realmente los llevará ese cambio.

Las ideologías de estos personajes tienen varios puntos de encuentro, en pensamientos, enfoques, formas y objetivos. El común interés en estas ideas hace que las relaciones entre las personas mencionadas se den casi naturalmente: Le Pen estuvo en la Torre Trump el 12 de este mes, la mayoría de ellos felicitaron y apoyaron la victoria de Trump (ya que les significó un gran empujón); Le Pen se reunirá con Petry este mes, y de seguro esto es solo el inicio del estrechamiento de fuertes relaciones entre poderes.

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