Nuestro papel contra la corrupción

Con pequeñas acciones, como no ser parte de una obra regional ganada con prebendas, sumamos un granito de arena a favor de la transparencia en nuestro país.

Hace unos años, los directivos de una empresa me mandaron llamar con urgencia. Brevemente, expusieron lo siguiente: habían entrado a una licitación de un gobierno regional, consorciados con una empresa de ese lugar que, como no tenía el nivel de actividad ni el historial de ventas suficiente, requería asociarse con otra. Esta empresa se encargó de todo el papeleo y de presentar la propuesta.

Al poco tiempo, salieron elegidos en la licitación. Pero cuando recibieron los papeles de la empresa socia se dieron cuenta de que aquellas personas habían inflado buena parte de los artículos por el doble o el triple del precio real que ellos les habían presupuestado. Al constatar que no se trataba de un error, se percataron de que la licitación estaba amañada por estas personas: coima para los funcionarios del gobierno regional y pingües ganancias para los consorciados.

Suscríbase a nuestro boletín diario, el mejor resumen de noticias sobre las regiones del Perú

Además de la inmoralidad que suponía entrar en este juego, los directivos tenían otro problema: si se retiraban,
no podrían participar en nuevas licitaciones del Estado por un buen tiempo, y parte de sus ventas venían de las licitaciones con entidades públicas. No los iba a quebrar, pero les afectaría. El consejo fue retirarse del consorcio y asumir las consecuencias, para evitar el “vómito negro”: si seguían el juego de la licitación amañada, corrían el riesgo de que tarde o temprano aquello saliera a la luz, dañara la reputación de la empresa, la reputación personal de cada uno, y no solo perderían todo ese dinero mal avenido, sino hasta su propia libertad.

La empresa decidió retirarse. A los dos años, la Contraloría sacó a la luz todas esas licitaciones arregladas y tanto los funcionarios regionales como las personas que se prestaron a estos actos terminaron en la cárcel. Los directivos de la empresa en cuestión se decían: “qué cerca estuvimos”, porque en esos momentos uno puede darse mil argumentos para ceder: “todo el mundo lo hace”, “así es la nuez”, “vamos a perder ventas si no coimeamos”,
etcétera.

Síganos en Facebook

Cuando prima un clima corrupto, inequitativo, injusto, no se favorece el desarrollo empresarial ni la formalidad.
Y eso es responsabilidad no solo del Estado sino, de modo especial, de los directivos de las empresas. Juan
Pablo II decía: “La corrupción es difícil de contrarrestar, porque adopta múltiples formas; sofocada en un área,
rebrota a veces en otra. El hecho mismo de denunciarla requiere valor. Para erradicarla se necesita, además,
junto con la voluntad tenaz de las autoridades, la colaboración generosa de todos los ciudadanos, sostenidos
por una fuerte conciencia moral”.

Artículo original publicado en Dia 1 de El Comercio 23-07-2018