Regiones del sur: el gasoducto para la macro región sigue de tumbo en tumbo

La República.- A dos años del Bicentenario, el Gobierno fracasó en su intento de masificar el gas natural en el sur peruano, recurso extraído de los pozos de Camisea, localizados en la selva cusqueña. Se planteó infinidad de alternativas de gasoductos para transportar el combustible a Cusco, Puno, Arequipa, Moquegua y Tacna. Ninguno cuajó por diversas razones.

El último emprendimiento, el Gasoducto Sur Peruano, fracasó debido a la insolvencia económica del consorcio constructor que lleva el mismo nombre. La obra tiene solo 37% de avance, las tuberías se encuentran listas en Anta para instalarse. La obra se encuentra paralizada desde el 2017. El Gobierno resolvió el contrato con el consorcio conformado por las empresas Enagás, Odebrecht y Graña y Montero, las que no hicieron su cierre financiero.

Los bancos les cerraron el caño debido a los escándalos de corrupción que comprometían a Odebrecht. Esta empresa brasilera ha admitido que pagaba sobornos a los gobiernos para adjudicarse obras.

Después de ellos, el Gobierno entregó el proyecto a ProInversión. El especialista en temas energéticos Aurelio Ochoa Alancastre, quien recientemente estuvo en Puno para analizar la situación del gasoducto, dijo que este organismo no hizo nada para destrabar el proyecto que viene de tumbo en tumbo desde el 2008. En ese año, la concesión para su ejecución fue dada a Kuntur, que debía invertir $ 1334 millones de dólares. Abortó el proyecto, se volvió a adjudicar en 2014 por $ 7328 millones. Mientras más tiempo pase, el precio seguirá creciendo.

«Actualmente, se le paga a la empresa EPSA SA US$ 53 millones de mantenimiento para esa infraestructura (tuberías) y para que cuide el material o maquinarias. Y vamos a seguir pagando», explicó.

Futuro incierto

En enero de 2019, Proinversión anunció que la licitación estaría lista para 2020, pero ya no como GSP, sino como Sistema Integrado de Transporte de Gas, el sustento para el cambio es un estudio de la consultora Mott MacDonald, encargada de analizar las condiciones para desarrollar el proyecto.

En una entrevista a nivel nacional, el ministro de energía y minas, Francisco Ísmodes, dijo que será un proyecto con capitales públicos y privados; además, existen tres alternativas de trazo para el ducto.

Ochoa no confía en que el proyecto pueda salir para el Bicentenario, mucho menos que el gobierno de Martín Vizcarra lo ejecute. Se basa en la experiencia del gasoducto virtual, que consiste en llevar gas al sur y norte del país desde la planta de Melchorita (Talara) para distribuirlo a 7 regiones (Ucayali, Ayacucho, Junín, Cusco, Apurímac y Huancavelica). Este se lanzó a licitación en 2014 y hasta ahora no se tienen resultados. Con el GSP podría ocurrir lo mismo.

“Ni siquiera dilucidan cuál va a ser la ruta, si fuese una ruta complementaria estaría bien, pero ya hay 36% de avance; esa es una llamada de atención que el Congreso debería hacerle al gobierno», dijo.

Para Ochoa, inclusive con el ofrecimiento de licitar el proyecto en 2020, la adjudicación podría darse recién el primer semestre del 2021 y la construcción durará de 3 a 4 años.

¿Pero cuál es la importancia del gasoducto? Es combustible barato y energía barata, para que las empresas se hagan más competitivas. Por ejemplo, el gas domiciliario en Lima es 49% más barato que el GLP (gas licuado de petróleo).

«La pregunta es en qué vamos a utilizar el gas»

El especialista Carlos Leyton Muñoz indicó que la demora de ProInversión para decidir sobre el destino del gas se debería a los costos de operaciones, el desarrollo del proyecto y las aprobaciones gubernamentales; así como el trazo, la tecnología y el destino final del gas.

Leyton indicó que lo más importante es definir en qué se va a utilizar el gas (si llega). Se debe contribuir a una matriz energética que promueva la diversificación productiva y que no solo sea para ser exportada o quemada como energía eléctrica, sino que desarrolle los lugares por donde pase el ducto.

«Si es solo una función doméstica, es muy poco para el desarrollo. La inversión termina siendo muy alta para el beneficio obtenido», dijo.

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