Tacna: sin agua y con bajos precios, la crisis golpea a aceituneros en la región

La República.- El agricultor Alejandro Quenta recoge en su cesto las aceitunas negras y arrugadas caídas alrededor de uno de sus plantones de olivo en el poblado La Yarada. Aceitunas “chuñas” las llaman y son cosecha de descarte, usadas para extraer aceite. En 2018, los intermediarios solían pagarle S/ 0.80 por cada kilo de las chuñas, hoy nadie paga más de S/ 0.40. “Bueno, siquiera algo sacaremos”, comenta resignado Quenta.

Tacna es el primer productor de aceituna del país con 25 000 hectáreas de olivo, la mayoría de ellas están en el distrito La Yarada-Los Palos. Las cosechas, en 2015, 2016 y 2017, fueron bajas a consecuencia del fenómeno El Niño. En especial, en los dos primeros años, cuando cada hectárea solo daba de dos a tres toneladas de aceituna.

En 2018 y 2019, el panorama varió y hoy cada hectárea puede dar alrededor de 10 toneladas. Wilson Ayala Sanjinez y Julio Incacutipa Jines, agricultores de este distrito y exautoridades políticas, confirman que la cosa parecía ir a mejor en 2018, los plantones estaban cargados de aceitunas y los precios no eran malos. “El kilo de aceituna negra sin macerar se vendía el año pasado a S/ 3.20 y S/ 3.50. Decidí procesar, podía ganar más. Hoy los intermediarios solo quieren pagar por la negra macerada como máximo S/ 2.50 el kilo y por la negra sin macerar S/ 1.40 o S/ 1.50. Los precios han caído más de la mitad”, relata Ayala.

La aceituna sevillana es la variedad cultivada en Tacna. Cuando está verde, se procesa en soda cáustica y es vendida a mercados como Brasil. Cuando está más madura y tiene el color negro, se la macera en agua y sal por 30 o 90 días. La aceituna negra procesada es la favorita en el mercado chileno. Pero hay una sobreproducción en Tacna y los intermediarios han sabido aprovechar para pagar precios bajos.

“Los intermediarios no son agricultores; solo vienen, la compran y venden a plantas procesadoras o exportan. Aquí, en La Yarada, cada agricultor tiene de 2 a 7 hectáreas. No tienen producción suficiente para exportar o vender a mercados grandes. Los intermediarios compran a varios pequeños y exportan. Pero están pagando poco y ya no sale a cuenta”, dice Incacutipa.

Falta de agua

Desde hace tres semanas, la empresa Electrosur corta de forma paulatina la energía eléctrica con la que operaban los pozos subterráneos en La Yarada-Los Palos. El agua de esos pozos es usada para el riego de los plantones de olivo cada ocho días. Ayala muestra algunos campos secos y señala un detalle mortal para una planta.

“Mira el tamaño de la aceitunas, están madurando muy chicas, se quedan enanas por falta de agua. Ya solo serán cosecha de descarte, no son exportables”, comenta con tristeza, mientras muestra una a una las pequeñas aceitunas.

El corte de energía se debe a la falta de pago. Desde 1991, el Gobierno central subsidia a los agricultores pagando el 55% del consumo de energía de los pozos. Cuando se crean los gobiernos regionales, en 2002, estos asumen el pago. Sin embargo, desde la pasada gestión regional de Omar Jiménez, hay una deuda de más de un millón y medio de soles. “No hay presupuesto”, ha sido la respuesta reiterada de los voceros de la región al ser consultados sobre por qué no se paga.

La subprefecta del distrito, Diana Ramírez Charca, explica que hay una mesa de diálogo entre la Región y los agricultores para abordar el tema, con asistencia de la Presidencia del Consejo de Ministros. “El gobernador todavía no ha podido asistir a la mesa, pero, bueno, esperamos un progreso”, sostiene con esperanza. Ella también es agricultora y sufre la crisis.

No solo las plantas padecen el corte de energía. En La Yarada-Los Palos, todos consumen agua de los pozos. Carmen Marín, directora del centro educativo Juan Velasco Alvarado, ha pedido a sus 230 alumnos que traigan botellas de agua desde sus casas para su aseo personal. El colegio no tiene agua desde hace tres semanas.

Propuestas

La crisis de la aceituna también reaviva en este sector otros problemas pendientes. Por ejemplo, solo 100 de los 500 pozos de agua, en La Yarada-Los Palos, operan de forma legal. Ya se ha advertido de que explotar el acuífero de forma indiscriminada generará daños irreparables en esa fuente.

Por su parte, la subprefecta destaca que los agricultores necesitan asociarse para ser ellos quienes exporten y dejen atrás a los intermediarios. ProOlivo, un grupo de empresas formales que procesan la aceituna en todo el país, plantea la siembra de otras variedades de olivo más aceiteras.

Ayala recuerda que el cambio de variedad tardaría tres años por lo menos. Por ahora, los agricultores prefieren convertir sus aceitunas en aceite de olivo para tener un valor agregado y afrontar la crisis. Muchos acuden a Agustín Aranguren, quien brinda el servicio de procesamiento del aceite con la técnica de prensado al frío.

“Cada semana recibo más jabas de aceituna para aceite. Para mí mejor, tengo más trabajo, pero qué va a pasar cuando el mercado se llene de aceite. ¿Qué pasará con la cosechas de este año? En el Perú, no se consume mucho aceite y los mercados europeos tienen stock”, dice Aranguren.

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