Ahorro público: ¿Cómo engordar la alcancía fiscal?

El Comercio.- Una de las fortalezas de la economía peruana en las últimas dos décadas ha sido el manejo prudente de las cuentas públicas. A finales de los años 80, el fisco gastaba por encima de sus ingresos (es decir, registraba un déficit fiscal) un equivalente a 8,6% del PBI. Sin embargo, entre el 2001 y el 2013, el superávit promedio anual fue de 0,3% del producto. Esto permitió que la deuda se redujera de 190% del PBI en 1990 a 19,2% en el 2013.

Gastar menos de lo que ingresa permitió al Estado ahorrar una cantidad importante de recursos. Para el 2015 se habían acumulado activos financieros por un monto equivalente a 17,9% del PBI. Estos han sido claves para financiar el déficit registrado en los últimos seis años.

USO DE RECURSOS

La desaceleración de la economía, que se inició en el 2014, ha golpeado los ingresos del Estado y explica en parte el déficit observado. Incrementos en el gasto público explican el resto. Esto puso atención sobre los ahorros públicos, que al año pasado alcanzaron un 15,5% del PBI.

En términos monetarios, el gobierno tiene S/116.559 millones ahorrados. Para poner en perspectiva esta cifra, equivale a más de seis veces la inversión necesaria para construir la línea 2 del metro de Lima. Además, este monto representa 3,7 años de presupuesto para el sector educación, 5,9 años para transporte o 6,3 años para salud.

No obstante, el gobierno no puede ni debe echar mano libremente de todo este dinero. Primero, resalta que cerca de 5% es intangible, como por ejemplo lo que hay en el Fondo Consolidado de Reservas (FCR) –destinado a respaldar el pago de pensiones de la ONP– y recursos de Essalud. Además, hay dinero que se usa en casos excepcionales, como el Fondo de Estabilización Fiscal (FEF). En los últimos dos años, se han utilizado US$2.500 millones de este fondo para financiar la reconstrucción del norte del país.

PLATA EN ‘STAND BY’

Como medida de prudencia fiscal, es importante mantener reservas líquidas. Pero, al mismo tiempo, es fundamental que ese dinero pueda rentabilizarse dentro de parámetros responsables. Así como las personas invierten sus ahorros en fondos mutuos u otros instrumentos, el fisco podría hacer algo similar, manteniendo una posición conservadora.

Hoy, el 62% de los activos está en depósitos de corto plazo en el Banco Central de Reserva (BCR), lo que implica una baja rentabilidad de los fondos. En ese sentido, el Consejo Fiscal advirtió la semana pasada que, dado que la deuda pública está cerca de su techo legal de 30% del PBI, incorporar mecanismos para potenciar la gestión de los activos financieros puede ser una alternativa. Ello –agregó– contribuiría a cumplir las reglas fiscales.

En este punto es pertinente preguntarse cuáles son las mejores prácticas globales de gestión de activos. Diversos países han creado fondos soberanos de riqueza (FSR), que realizan inversiones de mediano plazo con mayor rentabilidad. Con esas ganancias, luego se financian inversiones en desarrollo social.

Los FSR existen desde mediados del siglo XX, pero han tenido un fuerte crecimiento en los últimos veinte años. Quizás el ejemplo más exitoso es el Fondo de Pensiones de Noruega, que tiene más de US$1 billón (un millón de millones). Aparte de los aportes de capital, ha alcanzado tal cifra gracias a una rentabilidad promedio anualizada de 5,9% durante los últimos veinte años. El fondo recibe los ingresos generados por el sector petrolero de Noruega, y los invierte en activos diversificados de más de 9.000 compañías en 73 países. Su gestión está a cargo del Ministerio de Economía y el banco central de ese país.

ADAPTACIÓN AL PERÚ

De acuerdo con el economista Pablo Secada, el propósito de un FSR en el Perú debe estar alineado con invertir en proyectos de desarrollo social y científico para el país. Así, afirma que se necesita generar rentabilidad social, pero con un manejo financiero de carácter privado.

“La gestión financiera del Estado es aún muy conservadora: no se realizan inversiones en ‘venture capital’ o ‘private equity’. Además, con el potencial en biotecnología que tiene el Perú por su diversidad biológica, se puede invertir, por ejemplo, en el desarrollo de patentes, que generarían altos ingresos en diez años y promoverían la investigación científica en el país”, subraya.

A pesar del potencial de un FSR, otros analistas ven con preocupación el tamaño que tendría este fondo y qué entidades estarían a cargo de gestionarlo. En ese sentido, Secada coincide en que un FSR en el Perú tendría que empezar con un monto pequeño, que muestre resultados positivos en el mediano plazo para lograr aceptación política. No obstante, destaca que el fondo debería crearse como una entidad autónoma, pero que desarrolle institucionalidad adoptando el servicio civil y la rendición de cuentas.

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