Un Banco Central que cuida nuestros sentimientos

Por José Carlos Valer, Ph.D (c), MBA, consultor senior asociado de Aurum Capital.

El BCR recientemente mantuvo su tasa de interés de referencia. Para muchos de nosotros, solo un número más en la larga lista de indicadores económicos que salen publicados y nadie entiende.

En simple, para el ciudadano común, una tasa que influye directamente en el tipo de cambio (si baja, el dólar usualmente sube, y viceversa); para las empresas, menores intereses por los créditos podrían animarlas a invertir más. En complejo, un BCR forzado a bajar la tasa a niveles reales negativos para generar impulso monetario a una economía peruana con signos de inflación baja, que ya indicaría el inicio de una recesión económica.

Para el BCR, un crecimiento del crédito de consumo de hasta 13% anual, tomado al mejor estilo optimista de libro de autoayuda, indicaría crecimiento. Sin embargo, para los racionales, solo indica que la gente está financiando gasto con tarjetas de crédito y similares; buen negocio para los bancarios, futuro ominoso para los endeudados —“no olvidar que una de las probables causas del descontento social en Chile han sido las cuantiosas deudas de créditos de tarjeta, consumo, educación y vivienda que nunca se terminan de pagar”—. Mientras tanto, el crédito a las empresas crece a un mucho menor ritmo, acorde a decisiones fi nancieras más racionales, que buscan rentabilidad y no mantener estatus social o consumo diario.

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Coincide conmigo el popular PBI, cada vez más escuálido en crecimiento en sus sectores primarios (mina y similares), lo que da mayor sustento a la hipótesis de estarnos acercando a una recesión. En esta preocupante historia, nos viene a dar aliento, no Vizcarra y sequito adjunto, sino Trump y su espanto de que lo destituyan. Con su anunciada tregua comercial a China, se espera un cese de hostilidades comerciales, con lo cual China podría retomar su búsqueda del crecimiento anunciado por su politburó y darnos la esperanza de que el precio del cobre (que ya va subiendo alrededor de US$ 2.78 por libra) continúe alto y estimule nuestro 2020.

Paréntesis para explicar cómo leer el precio del cobre, algo tan crítico para nuestras vidas que debería enseñarse desde el colegio: extraer cobre en Perú cuesta alrededor de US$ 1.2 la libra. Si el precio de venta cae acercándose a US$ 2, ya no conviene extraer en Perú (como nos pasó el 2015 o, peor aún, el 2008, que cayó a US$ 1.5) y se verían recesión, despidos y, en el mejor caso, cero bonos a los trabajadores mineros. Precios cerca de US$ 3 son buenos, pero solo nos dan un PBI de 2%, como lo visto por estas fechas. Para crecer a como lo hacíamos durante la bonanza, el cobre tendría que volver a niveles de US$ 4. Ni con toda la ejecución del gasto público, ni así todos los ministros hagan Bikram Yoga podríamos llegar a esos niveles de crecimiento sin el cobre. Básicamente, exportamos rocas y dependemos de la demanda mundial (58% de China) para que el Perú crezca.

Cerramos un año políticamente incorrecto, irreverente en sus cambios y deprimente económicamente. Si el precio del cobre no nos ayuda en lo que queda del Gobierno actual, la arquetípica caída hacia el precipicio del coyote de la Warner será nuestro meme al final del 2020, cuando al desempleo formal (los puestos de trabajo ya solo crecen 2.5% en promedio, mientras que el 2018 crecían a 4%) se le sume el informal (que crecerá más ahora por la popular, aunque inútil subida del salario mínimo). El problema del empleo ya empezará a sentirse en el bolsillo golpeado por la nuestra ineficiencia en el gasto público; ya nos obligará a seguir adictos a las tarjetas de crédito para mantener nuestra autoestima y mantenernos con “mente positiva”, como nos recomendó nuestro coach ontológico. Con unas elecciones congresales económicamente intrascendentes a favor del crecimiento, pero potencialmente letales para nuestro futuro económico (si se intentan modificaciones en las bases económicas, sin la opinión de expertos no políticos).

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En resumen, estamos en tiempos muy frágiles y el BCR nos cuida emocionalmente de darnos las malas noticias. Ni un Vizcarra gastador (que no se ve probable) paliaría una recesión a mediano plazo. Pero basta de crítica y mejor una recomendación para el momento: aprovechen el dólar bajando para cubrir su exposición y no gasten superfl uamente, aunque la tasa baje. Mientras tanto, agradezcamos a los demócratas americanos que asustaron a Trump a parar su guerra comercial y recemos para que la tregua EEUU-China se vuelva una realidad.