Firma electrónica vs firma digital: Herramientas de contratación a distancia

Tanto la firma electrónica como la firma digital, cumplen una misma finalidad: ser mecanismos virtuales de vinculación entre quien suscribe un contrato, y la relación jurídica obligacional que dicho contrato contiene.

Gonzalo Lajo Feria – Área de Derecho Corporativo de Zegarra Aguilar & Delgado Zegarra Ballón Abogados – glajo@zegarralaw.com

Ambas, permiten que las relaciones comerciales puedan seguir concretándose incluso en un periodo de distanciamiento social extraordinario como el que vivimos en la actualidad.

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Sin embargo, al estar ante dos alternativas igualmente válidas, se originan cuestiones como ¿es acaso una mejor que la otra? o ¿por cuál de ambas optar?

Para resolver esas cuestiones, en primer lugar, debemos considerar los conceptos de cada una de ellas. Al respecto,la firma electrónica es cualquier símbolo basado en medios electrónicos utilizado o adoptado por una parte, con la intención precisa de vincularse o autenticar un documento cumpliendo todas o algunas de las funciones características de una firma manuscrita[1]. Por ejemplo, una firma electrónica podría ser desde la imagen digital de una firma manuscrita pegada al final de un documento, o la imagen digital de un sello o icono empresarial al final de un correo electrónico, hasta cualquier tipo de verificación biométrica.

Pero, como es fácil de deducir, la firma electrónica no podría acreditar por si misma ni su autenticidad ni su integridad, ya que su incorporación al contrato no garantiza que efectivamente le pertenezca a la parte contratante, y tampoco que la misma no haya sido objeto de alteración, corriéndose el riesgo de que el involucrado la repudie.

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Por otro lado, la firma digital es aquella firma electrónica que utiliza una técnica de criptografía asimétrica, basada en el uso de un par de claves único, asociadas a una clave privada y una clave pública, relacionadas matemáticamente entre sí, de tal forma que las personas que conocen la clave pública no puedan derivar de ella la clave privada[2]. Con ello, se superan las dificultades de seguridad inherentes a la firma electrónica, obteniéndose una firma de la cual no solo se desprende su vínculo con una persona, sino también con un par de claves únicas y un certificado digital proporcionado por una entidad de certificación.

Sobre este punto, se debe tener en cuenta que de acuerdo al Decreto Supremo N° 052 – 2008 – PCM (Reglamento de la Ley de Firmas y Certificados Digitales), el certificado digital debe ser emitido por entidades de certificación previamente acreditadas por Indecopi, que formen parte de la Infraestructura Oficial de Firma Electrónica. Infraestructura, que también incluye a las entidades de registro o verificación (encargadas de la identificación de los titulares y/o suscriptores) y de servicios de valor añadido (servicios relacionados).

Asimismo, el referido reglamento establece que el principal requisito para acceder al certificado digital, será acreditar tener plena capacidad de ejercicio, en el caso personas naturales, y la existencia de personería jurídica, en el caso de personas jurídicas.

Actualmente, las entidades que emiten los certificados digitales, se encuentran autorizadas para realizar la verificación de la identidad de los solicitantes, a través de medios alternativos a la comparecencia física, por lo que nada impide acceder a la firma digital durante el distanciamiento social [3]. 

Ahora bien, sin negar la evidente diferencia respecto de la certeza que brinda una firma sobre la otra, también es necesario considerar el costo que implica la firma digital, pues la obtención del certificado digital involucrará el pago a la entidad de certificación encargada de emitirlo, sin mencionar el trámite que habrá que realizarse ante dicha entidad.

Por todo lo anterior, considero que optar por una o la otra, no solo debe depender del elemento seguridad, sino también del costo y tiempo que cada una involucra. Por ejemplo, en el caso de contratos de baja cuantía, que se renueven frecuentemente, sería preferible el uso de firma electrónica, debido a que el costo de utilizar firma digital puede resultar muy alto respecto del monto del contrato. Por el contrario, si estamos ante uno de mayor cuantía, sería preferible utilizar firma digital, por la seguridad que esta proporciona, considerando el alto riesgo que se corre.

En consecuencia, no es posible aseverar que la firma digital sea mejor que la firma electrónica, o viceversa, ya que ambas tienen características que las hacen preferibles dependiendo de la situación. Asimismo, para optar entre una u otra, deberán tomarse en cuenta dichas características, el contexto y el tipo de contrato a celebrarse.


[1] Artículo 1° de la Ley N° 27269, Ley de Firmas y Certificados Digitales.

[2] Artículo 3° de la Ley N° 27269, Ley de Firmas y Certificados Digitales.

[3] Indecopi flexibiliza requisitos para quienes necesiten obtener certificados digitales por primera vez. Disponible en: <https://www.indecopi.gob.pe/en/-/la-comision-para-la-gestion-de-la-infraestructura-oficial-de-firma-electronica-flexibiliza-requisitos-para-quienes-necesiten-obtener-certificados-digi> Consultado: 25/04/2020.